Doble excepcionalidad


Reproducimos el texto del artículo que hemos leido en el blog Dislexia sin barreras  porque pensamos que tiene  interés.

Se dice que un niño tiene doble o múltiple excepcionalidad cuando además de altas capacidades presenta algún déficit específico asociado. Como este es un blog de dislexia, nos centraremos en el caso de las Altas Capacidades unidas a una Dificultad específica de Aprendizaje, AC/DA.

Sabemos que la dislexia es independiente de la capacidad intelectual. Una persona puede ser disléxica y tener altas capacidades; evidentemente, los niños identificados con altas capacidades, también.
No obstante, hay una gran dificultad para que sean identificados como disléxicos estos niños ya que su alta capacidad les proporciona recursos que camuflan sus dificultades y a su vez, estas dificultades no les permiten desarrollar su capacidad de acuerdo a sus posibilidades. Con lo cual, muchas veces sucede que sus capacidades parecen menores de lo que son en realidad y que su dificultad se muestre menos grave.
Suele darse una gran discrepancia entre el rendimiento académico y las habilidades potenciales, lo que causa en el niño ansiedad, sentimientos de frustración, falta de motivación y baja autoestima entre otros problemas.
Para profundizar en el tema hay cantidad de artículos y libros publicados, escritos por grandes profesionales. Pero a mí me gustaría aportar la visión práctica de este tema desde el punto de vista de la familia con un niño AC/DA. Sabemos que llegar hasta la identificación es un gran problema por todo lo comentado, pero una vez llegado a este punto, me gustaría centrarme en lo que viene después.
Lo que normalmente los padres hacemos después de la identificación, es ponernos a buscar información y a leer como locos. Principalmente para buscar respuestas a las miles de preguntas que surgen y saber cómo proceder, cómo atender las necesidades del niño.
La formación de los padres en este punto es básica ya que sólo sabiendo del tema se pueden enfocar adecuadamente los pasos a seguir y que sean los necesarios en cada caso. Como por ejemplo: la búsqueda de logopedas, las actividades de enriquecimiento, los recursos tecnológicos a emplear, etc.
Parece que el siguiente paso al que nos llevaría una secuencia lógica sería el de la comunicación entre colegio y familia, para, de este modo, contemplar cuál sería el plan de intervención más adecuado, según la atención a la diversidad contemplada en la legislación sobre educación y conseguir así, tal y como dice el artículo 71 del Título II de la LOE 2/2006 de 3 de mayo, “que todo el alumnado alcance el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional”.
Pero como ya habréis supuesto, esto no es así. Lo que toca en realidad es enfrentarse a la gran dificultad que tenemos la mayoría de las familias que estamos en esta situación: entenderse con los colegios. La gran mayoría dependemos de la buena disposición de cada centro, de la motivación del profesor que te toque y de las ganas que tengan de implicarse.

Suele costar que atiendan y entiendan a un niño disléxico. Suele costar que atiendan y entiendan a un niño con altas capacidades.  Y en el caso de un niño con una doble excepcionalidad de este tipo, la atención y la aceptación de esta condición es ciencia ficción.
Para empezar, colegio y familias no hablamos el mismo idioma, con lo que el entendimiento es altamente complicado. Las familias buscamos ayuda, asesoramiento e intervención para, por un lado atender las dificultades específicas de aprendizaje y por el otro, que su capacidad no se quede sin desarrollar. Sabemos que para ir superando niveles de estudios cada vez más complicados, hay que irles proporcionando y enseñando herramientas adecuadas desde los niveles más tempranos. Que su potencial no se quede sin desarrollar es básico para alcanzar ese desarrollo personal, intelectual, social, psicológico y emocional del que hablamos.
Se podría hablar de las consecuencias que tiene para el desarrollo del niño el hecho de no atender ni la dislexia ni las altas capacidades, ni el contemplar los rasgos específicos de la doble excepcionalidad pero no parece que esto les importe.
Para los colegios sin embargo (hablo siempre en general, que seguro que hay honrosas excepciones), si el niño no suspende, no molesta y tampoco rinde excepcionalmente, no es necesario intervenir de ninguna manera. Va con el grupo. Tiene un rendimiento “normal”. Es un niño “normal”. Y como cada profesor sólo les tiene un año o unas horas según el curso en el que esté, no se contempla su desarrollo a largo plazo, sino que se conforman con ir pasando cada año.
Sé que el desarrollo integral de la persona se contempla en todos los proyectos educativos de los centros, pero también sé que el cántaro vacío es el que más suena porque está hueco. Y al final, todas esas palabras hablando sobre desarrollo integral suenan muy bien pero no dicen nada porque están tan vacías y huecas como el cántaro. A la hora de la verdad, no tengo claro que esto se tenga en cuenta ya que no se ve su aplicación práctica por ninguna parte.
Normalmente, al hablar con docentes, éstos suelen manifestar dos grandes razones (entre otras muchas) para que se haga tan difícil atender a estos niños.
Una es la formación del profesorado. Según dicen, no reciben la formación suficiente en las Universidades ni sobre dislexia ni sobre altas capacidades. Y es cierto, tienen toda la razón, es otra gran carencia del sistema educativo.

Pero en el fondo, he de confesar que a mí esto me suena a excusa. Vale que no se pueda saber todo de todo, pero en la clase de mi hija por ejemplo hay tres disléxicos y dos niños con altas capacidades que yo sepa, con lo que no son temas tan inusuales. Teniendo en cuenta las facilidades que tenemos hoy en día para obtener información, aplicando un poco de interés y criterio no resulta tan complicado saber algo del tema. Además pienso que es de ética profesional, si te dedicas a enseñar, saber cómo aprende la persona a la que intentas enseñar y para eso uno mismo tiene que seguir formándose siempre.
El otro motivo que suelen exponer para decir que se hace difícil la atención a esta diversidad, es el ratio de alumnos por aula. Los profesores suelen decir que no pueden atender a cada uno de los alumnos que tiene en el aula individualmente. Con el método de enseñanza que se utiliza no, pero entonces, ¿no tendríamos que cuestionarnos todo el sistema educativo desde su base y utilizar herramientas y métodos que sirvan para poder atender a las características de cada alumno?
En definitiva, los colegios, en vez de un apoyo para familias con niños con estas características son una dificultad añadida.
Aun no tengo claro si desde los colegios se entiende la necesidad de atención pero existe una imposibilidad material de llevarla a cabo, o realmente creen que no hay ninguna necesidad de intervenir.
¿Cuántos años tienen que pasar para que se entienda la necesidad de una atención adecuada y la necesidad de cambio del sistema educativo (y no estoy hablando de una reforma tipo Wert)? En fin, que he visto continentes moverse más rápido.
Firmado: una madre
Bibliografía recomendada: Blog de Javier Touron, en concreto esta entrada.
Dificultades asociadas a las altas capacidades intelectuales. Guía para profesores y orientadores, María Teresa Fernández Reyes y María Teresa Sánchez Chapela.
Por motivos personales, la autora de este texto prefiere mantenerse en el anonimato.
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